Desde Quilpué a los escenarios más grandes: Fabián el acordeonista del Valle de Marga Marga que hoy acompaña a Ignacio Ormazábal.

La música siempre estuvo presente en la vida de Fabián. Creció en Los Quillayes, en el Valle del Marga Marga, comuna de Quilpué, viendo a su padre y a sus tíos subir a distintos escenarios. Desde pequeño sintió orgullo por pertenecer a una familia de músicos y, con el tiempo, comenzó a construir su propio camino.
Sus primeros pasos fueron con la guitarra, durante sus años de escuela. Luego llegó el bajo y comenzó a participar en Los Gavilanes del Valle, compartiendo escenarios junto a su familia. Pero hubo un instrumento que cambiaría su rumbo: el acordeón.

A los 14 años, su padre le enseñó una canción para tocarla durante el lanzamiento de un disco de Los Gavilanes del Valle. Fue una presentación sencilla, pero bastó para que descubriera que aquel instrumento lo fascinaba. Desde entonces comenzó a soñar con convertirse en acordeonista y, algún día, tener su propia banda.
Durante varios años continuó en Los Gavilanes del Valle como bajista. Fue una etapa de aprendizaje y de mucho escenario, pero también llegó el momento de tomar una decisión difícil: dejar un proyecto familiar para intentar cumplir su sueño.

La salida no fue sencilla. Fabián reconoce que hubo cuestionamientos y dudas, porque no estaba dejando simplemente una banda, sino una parte importante de su historia junto a su padre, sus primos y sus tíos.
Finalmente dio el paso y llegó a Sello de Raza, donde se convirtió en acordeonista y director. Los cuatro años que permaneció allí fueron fundamentales para su crecimiento.
“Fue una escuela”, recuerda.
En esa etapa fortaleció su identidad como músico y aprendió también sobre responsabilidad, organización y liderazgo. Pero, una vez más, apareció la necesidad de seguir avanzando.
El salto junto a Ignacio Ormazábal
La oportunidad de integrarse al staff de Ignacio Ormazábal llegó después de todo ese recorrido. Para Fabián significó un nuevo desafío y también dejar atrás una etapa muy importante junto a Sello de Raza, donde había construido amistades y vivido experiencias que todavía valora.
Hoy, como acordeonista de Ignacio Ormazábal, vive uno de los momentos más importantes de su carrera.

Trabajar junto a profesionales de primer nivel le ha permitido crecer y entender que la música profesional exige mucho más que talento. También requiere preparación, responsabilidad, aprender de los errores y entregar lo mejor en cada ensayo y presentación.
Para Fabián, esta oportunidad representa el resultado de años de esfuerzo y de no dejar de creer en sus sueños.
A pesar de los nuevos escenarios, sus raíces siguen estando en Los Quillayes.
Cada vez que se presenta fuera de la zona cuenta con orgullo de dónde viene y recuerda que fue en el Valle del Marga Marga donde comenzó todo. Las fiestas, los eventos y los escenarios de la zona forman parte de su historia y de su formación como músico.
También reconoce como fundamentales a su familia y a su pareja, quienes han estado presentes en las decisiones y dificultades que ha debido enfrentar durante este camino.
Fuera del escenario, Fabián se define como una persona sencilla, responsable y solidaria. Tiene un trabajo y un emprendimiento que mantiene desde hace varios años, y procura ayudar cuando está dentro de sus posibilidades.
Su mirada hacia el futuro tampoco está marcada por grandes pronósticos. Prefiere trabajar en el presente, seguir aprendiendo y estar preparado para las oportunidades que aparezcan.

Alguna vez soñó con llegar a escenarios como el Movistar Arena, Monticello o el Festival del Huaso de Olmué, y tampoco descarta algún día estar en el Festival de Viña. Pero más allá del escenario, tiene claro que quiere seguir haciendo música.
Si pudiera volver a aquel joven que recién comenzaba, le diría que no deje de creer en sus sueños, que estudie, que aproveche las oportunidades y que no tenga miedo de equivocarse.
Porque su propia historia le enseñó que cada etapa, incluso las más difíciles, deja un aprendizaje.
Desde Los Quillayes hasta los escenarios nacionales, Fabián continúa construyendo su camino. Hoy, junto a Ignacio Ormazábal, vive un nuevo capítulo de un sueño que comenzó cuando tomó un acordeón por primera vez.
“Todo tiene su momento”, dice.
Y este parece ser el suyo.



